Contacta con nosotros

Google maps

Image Alt

Irán y el nuevo shock geopolítico: implicaciones para la economía global

Irán y el nuevo shock geopolítico: implicaciones para la economía global

17 de marzo de 2026

Por Mario Catalá

La guerra desencadenada tras la operación conjunta de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní ha alterado de forma abrupta el escenario macroeconómico previsto para 2026. El conflicto ha elevado la prima de riesgo en materias primas como el petróleo o el gas, reactivando la volatilidad en los mercados financieros, y desplazando temporalmente a un segundo plano los datos macro tradicionales, situación que esperamos se mantenga al menos hasta que se clarifique la duración e intensidad del choque geopolítico.

El cierre temporal del estrecho de Ormuz, punto por el que transita cerca del 20% del crudo y del gas natural licuado mundial, ha provocado repuntes energéticos que en momentos puntuales han superado el 60%, llevando el Brent hacia los 120 USD/b. Sin embargo, pese a la severidad del shock, la economía global parte hoy de una posición más resiliente que en crisis pasadas, ya que Estados Unidos cuenta con una mayor autosuficiencia energética, y además existen alternativas logísticas como los oleoductos hacia el mar Rojo, así como una mayor coordinación internacional para liberar reservas estratégicas (como así lo han anunciado los integrantes del G7). ​

No obstante, permanecemos muy atentos al desarrollo del conflicto bélico, prestando especial atención a la duración e intensidad que pueda tener el mismo. El escenario base, donde tendríamos un conflicto intenso pero limitado en el tiempo, evitaría probablemente un daño sistémico, pero un conflicto más prolongado, que conlleve un incremento de los precios energéticos de manera sostenida, podría provocar un deterioro significativo del crecimiento global, presiones inflacionistas adicionales y cambios en la hoja de ruta de los bancos centrales.

En este contexto y en relativo al posicionamiento de carteras, desde Portocolom creemos que la mejor opción es no sobre reaccionar ante los aumentos de volatilidad, dado que históricamente se ha demostrado lo difícil que es reincorporarse al mercado tras una salida precipitada, en entornos de movimientos extremos provocados por conflictos bélicos. ​ En cualquier caso, dado el creciente aumento de tensiones geopolíticas que llevamos viviendo desde hace más de un año, ya habíamos decidido tomar precauciones reduciendo nuestra exposición estructural a renta variable, posicionamiento que seguimos manteniendo en la actualidad.

Pasando a un plano puramente macroeconómico, el conflicto irrumpe en un momento en el que Estados Unidos mostraba señales mixtas. Los PMIs continúan en expansión (PMI manufacturero repuntó a 51,6, y PMI de servicios cedió a 51,7, aunque ambos mantienen sesgo positivo), mientras que el PIB del cuarto trimestre de 2025 sorprendía a la baja hasta el 1,4%, impactado por los 43 días de cierre de la administración federal. El consumo ha comenzado a debilitarse ligeramente (ventas minoristas de enero registraron caídas del 0,2%), en un contexto en el que el mercado laboral está pasando por un momento crítico. Y es que en la publicación del dato de nóminas no agrícolas de febrero se registró un inesperado recorte de 92.000 empleos, frente al aumento de 58.000 esperado, y esto a pesar de una encuesta ADP más constructiva (+63.000 puestos). La tasa de paro por su parte subió al 4,4%, con una participación del 62%, por debajo de meses previos.

En cuanto a inflación, la guerra en Irán ha modificado la expectativa de control con la que se comenzaba el ejercicio (IPC general en 2,4% y subyacente en 2,5%), y las proyecciones de la FED de Cleveland dan muestra de ello, estimando para marzo un IPC general del 2,87% (2,60% a nivel subyacente). El consenso de mercado estima que subidas en torno al 10% en el precio del Brent, implican aproximadamente una subida adicional en inflación del 0,2%, por lo que un petróleo sostenido en niveles altos podría retrasar o incluso frenar futuras bajadas de tipos por parte de la FED.​ De hecho, la próxima reunión de la Reserva Federal, prevista para el 18 de marzo, no apunta a cambios, y en el consenso de mercado, que ya no descuenta recortes inminentes, se ha instalado el debate entre inflación potencialmente al alza y deterioro visible en el empleo. El choque geopolítico refresca un dilema similar al vivido en julio de 2025, pero ahora con un riesgo energético de fondo. ​

Europa es posiblemente la región más vulnerable al shock de Irán debido a su elevada dependencia energética, y aunque los PMIs venían ofreciendo una imagen algo más constructiva (el manufacturero vuelve a expansión en 50,8, y el de servicios avanza a 51,9), el PIB del cuarto trimestre de 2025 se quedaba en 1,2%, algo por debajo de lo esperado. Además, el consumo continúa débil, con unas ventas minoristas de enero cayendo una décima 0,1%, y unos datos de confianza del inversor ZEW cayendo hasta 39,4, reflejando incertidumbre sobre tipos de interés por el impacto energético.

Tras retroceder en enero, la inflación repuntó en febrero, con un IPC general llegando hasta 1,9% y hasta 2,4% a nivel subyacente, desviándose por encima del objetivo del 2%. Las expectativas de inflación vía swaps han aumentado de manera significativa, y es que como comentábamos antes, Europa es especialmente sensible a un petróleo caro.

El Banco Central Europeo se reunirá el 19 de marzo y se espera mantenimiento de tipos por su parte, con la facilidad de depósito en 2%. La institución mantiene de momento su estrategia de esperar y ver, aunque ahora estará muy condicionada por la volatilidad en los precios de la energía, y claramente el mercado ha reaccionado ya, pasando de descontar bajadas a contemplar al menos un movimiento de subida en 2026, en caso de repuntes inflacionistas adicionales.​

Como conclusión final, el conflicto iniciado hace dos semanas en Irán representa un shock geopolítico significativo, con efectos inmediatos en los precios de la energía y por ende en la inflación, y por tanto el aumento de volatilidad de mercado es inevitable. Aunque existe cierta sensación de fortaleza económica a nivel global, especialmente por la mayor autosuficiencia energética de EE. UU. y la diversificación logística internacional, la duración del conflicto determinará el impacto final en el crecimiento económico y los precios. En este contexto, Estados Unidos podría partir con algo de ventaja respecto a las economías europea o asiática, presentado estas últimas una mayor dependencia energética y fragilidad económica.