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La pregunta que nadie hace sobre la seguridad social

La pregunta que nadie hace sobre la seguridad social

Por Faris Hamadeh

 

Hay pocas cosas que influyan tanto en nuestra calidad de vida como la Seguridad Social. De ella dependen nuestras pensiones cuando nos jubilemos y muchas de las prestaciones que asociamos con una sociedad moderna. Al mismo tiempo, representa una de las mayores partidas de gasto público. En España, solo el gasto público en pensiones representará de media el 14,6% del PIB entre 2022 y 2050. En Estados Unidos, Social Security (que incluye, entre otras cosas, pensiones públicas) fue en 2025 la mayor partida individual del presupuesto federal.

 

Dedicamos, con razón, muchísimo tiempo a hablar de este sistema. Debatimos hasta qué edad debemos trabajar, cuánto debemos cotizar o cuánto deben subir las pensiones. Sin embargo, hay una pregunta mucho menos habitual: ¿se está gestionando de la forma más óptima posible el patrimonio de la Seguridad Social? Y derivada de esta, surgen algunas preguntas más, pues si hay que administrar capital destinado a financiar obligaciones durante décadas, ¿cuál debería ser su horizonte de inversión? ¿Qué riesgos tiene sentido asumir? ¿Qué rentabilidad deberíamos exigir? ¿Y quién debería tomar estas decisiones?

 

El caso más llamativo quizás sea Estados Unidos. A finales de 2025, Social Security tenía un patrimonio de unos 2,56 billones de dólares. En ese año pagaron 1,6 billones en prestaciones mientras que sus reservas obtuvieron una rentabilidad efectiva solo del 2,6% (bajo las proyecciones actuales, las reservas combinadas se agotarán en menos de una década). Estas reservas se invierten en bonos del propio gobierno americano, siendo este un enfoque extremadamente conservador que reduce determinados riesgos financieros, pero también renuncia a la diversificación y al potencial de rentabilidad que buscan otros inversores institucionales con horizontes largos.

 

Canadá ha tomado un enfoque muy distinto. En 1997 creó CPP Investments – un gestor profesional e independiente que invierte las reservas del plan de pensiones canadiense con un mandato sencillo, invertir en beneficio de cotizantes y beneficiarios y maximizar la rentabilidad a largo plazo sin asumir un riesgo excesivo. Pero aparte del mandato de inversión más flexible, lo más importante es quién toma las decisiones. Se trata de una institución que funciona al margen del gobierno, con un consejo profesional y un mandato fijado por ley. Esto le permite invertir como un inversor institucional de largo plazo, diversificando entre renta variable, crédito, infraestructuras, inmobiliario y otros activos. A marzo de 2026 había generado una rentabilidad anualizada neta del 8,8% durante los diez años anteriores (7,8% en el en año fiscal del 2025).

 

No es difícil hacer una comparativa básica entre el 7,8% del plan canadiense y el 2,6% que consiguió la Social Security estadounidense. Presentarlo así es un poco reduccionista (se podría argumentar que ambos sistemas tienen dos mandatos completamente distintos), pero ese es precisamente el punto. La seguridad social estadounidense – por ley – solo puede invertir en bonos de tesorería nacionales, mientras que el plan canadiense puede invertir en una gama muy amplia y global de inversiones, con una filosofía flexible que piensa en el largo plazo, y de manera independiente. La diferencia tan radical entre los mandatos y la gobernanza de cada entidad son precisamente lo que explica la diferencia entre los resultados financieros.

 

Como vimos, en España, se estima que el gasto bruto en pensiones representará de media el 14,6% del PIB entre 2022 y 2050. Sin embargo, como en el modelo estadounidense, también tenemos un mandato de inversión muy limitado, y extraordinariamente conservador, centrado fundamentalmente en deuda pública.

 

Evidentemente, cambiar la política de inversión de un fondo de seguridad social no es fácil. Para un político existen pocos incentivos para dedicar capital público a crear un nuevo mandato más flexible para gestionar las reservas de la Seguridad Social. Si las inversiones funcionan bien dentro de veinte años, probablemente nadie le atribuya el mérito, pero si la bolsa cae un 20% en el primer año, será relativamente sencillo acusarle de haber «apostado las pensiones» de los ciudadanos. Precisamente por eso resulta interesante el modelo de CPP Investments canadiense, ya que se transfiere la responsabilidad de la gestión a un tercero independiente.

 

Un replanteamiento del modelo operativo de la seguridad social es especialmente importante ahora, dada la crisis de deuda que estamos viendo en los países desarrollados. Al final, cada euro adicional generado es potencialmente un euro que no tendrá que salir de mayores cotizaciones o de la emisión de más deuda. Cuanto más difícil sea para los políticos tolerar la volatilidad de corto plazo, más sentido tiene que no sean ellos quienes gestionen directamente una cartera cuyo horizonte se mide en décadas.