2026, un año de normalización monetaria, disrupción tecnológica y geopolítica
13 de enero de 2026
Por Mario Catalá
Desde Portocolom AV damos la bienvenida a este recién estrenado 2026, con los principales mercados financieros navegando muy cerca de máximos históricos, en un entorno que presenta ciertas similitudes con el año anterior. Las expectativas de un crecimiento moderado pero positivo a nivel global, parece que van a seguir teniendo al sector tecnológico y en especial a la Inteligencia Artificial como protagonistas principales.
También volverá a ser clave la evolución de la inflación que, aunque ya se aproxima a los niveles pre pandemia, aún no termina de estar controlada. La situación es especialmente vulnerable en Estados Unidos, donde existe la posibilidad de que veamos repuntes debido (entre otras cosas) al efecto de los aranceles impuestos por Trump a lo largo del año pasado. Precisamente el presidente norte americano va a ser uno de los elementos de mayor influencia a nivel global (movimientos geopolíticos, presión a la Reserva Federal para que baje tipos, imposición de nuevos aranceles, etc), más si cabe teniendo en cuenta que en el mes de noviembre se celebrarán las elecciones de medio mandato en Estados Unidos.
A continuación hacemos un resumen de las perspectivas para el presente ejercicio en términos de crecimiento económico, inflación y decisiones de los bancos centrales, y concluimos poniendo foco especial en las principales tendencias y riesgos que pensamos, pueden influir de manera significativa en el comportamiento tanto de las diferentes economías globales, como de los mercados financieros.
Crecimiento Global
Como comentábamos, se espera que el mundo siga creciendo en 2026, aunque con algo menos de fuerza respecto al año anterior. Las principales instituciones financieras internacionales apuntan a que el crecimiento podría pasar del 3,3% previsto para el cierre de 2025, hasta un rango de entre 2,7% y 3,1% en 2026. Este escenario vendría acompañado de varios factores que podrían actuar como vientos de cola para la actividad económica: la mejora de las condiciones financieras derivada de la bajada de tipos de interés, el impulso a la inversión en tecnología (liderada por la inteligencia artificial), el aumento de la inversión en infraestructuras y defensa (especialmente en Europa) y una esperada, aunque todavía incierta, relajación de las tensiones comerciales, principalmente entre Estados Unidos y China.
A nivel geográfico, los diferentes bloques económicos volverán a crecer a muy diferentes ritmos. Así, mientras que en el mundo occidental se esperan crecimientos muy moderados (en torno al 2% en Estados Unidos y el 1% en la Eurozona según datos del FMI), los principales países asiáticos volverán a ser los verdaderos motores globales en 2026, con China e India a la cabeza (crecimiento estimado del 4,4% y 6,3% respectivamente).
Inflación
La dinámica inflacionaria iniciada tras la pandemia de 2020 sigue normalizándose, aunque aún hay algunos puntos del planeta en los que se percibe cierta persistencia. A nivel global, se proyecta que la inflación descienda en 2026 hasta el rango 3,5–3,6%, tras el alivio de los shocks energéticos y de bienes que se sucedieron durante los años 2022 y 2023. Aun así, el FMI y varias casas de análisis defienden que existe un componente estructural, impulsado por la reorganización geopolítica, la transición energética y la fragmentación comercial, que hará muy difícil que en el futuro veamos niveles de inflación por debajo del 2%.
En Estados Unidos, la FED prevé una caída gradual hacia el 2,0–2,4% entre 2026 y 2028, aunque con riesgos al alza relacionados con tarifas y estímulos fiscales. En Europa, tanto las proyecciones del BCE como las de la Comisión Europea muestran una caída hacia 1,6–1,9% en 2026, ya por debajo del objetivo del Banco Central Europeo.
El principal riesgo inflacionario global continúa siendo la persistencia (o reactivación en algunos casos) de los conflictos comerciales. Las reducciones arancelarias temporales entre EE. UU. y China expirarán a finales del mes de octubre, y un nuevo repunte arancelario podría actuar negativamente sobre la oferta de bienes, reavivando el temor de un posible escenario de estanflación.
Bancos Centrales
El ciclo global de recortes de tipos de interés, especialmente intenso en el periodo 2024–2025, entra ahora en una fase más táctica y fragmentada dependiendo del área geográfica en el que nos fijemos, haciendo evidente que nos encontramos por primera vez en mucho tiempo en una época de políticas monetarias divergentes entre bloques.
En su última reunión de diciembre, la Reserva Federal Americana bajó tipos en 25 pbs, estableciendo el nivel de la política monetaria en el rango 3,50% -3,75%, y las expectativas actuales sitúan el tipo terminal poco más abajo (en torno al 3,00% / 3,25%). No obstante, se mantiene la incertidumbre sobre los próximos movimientos por parte de la FED, en parte por la poca fiabilidad de los últimos datos de empleo e inflación publicados en Estados Unidos (influidos sin duda por el cierre administrativo de finales de año). Además, las presiones políticas sobre la propia institución, y el impacto en la deuda pública (en niveles nunca vistos hasta ahora), añaden ruido adicional.
En la Eurozona, el BCE se aproxima al final de su ciclo de bajadas y mantendría tipos cercanos al 2%, con un discurso oficial que insiste en la necesidad de un enfoque “dato dependiente”, dada la combinación de inflación muy cercana al objetivo, con un crecimiento todavía débil.
En Japón, por el contrario, donde la inflación se ha mantenido por encima del objetivo por un periodo inusualmente prolongado, el Banco de Japón ya inició la normalización monetaria y podría seguir elevando tipos en 2026, tras el hito del alza a 0,75% en 2025 y la recuperación paulatina del ciclo salarial.
Tendencias / Riesgos para 2026
- Inteligencia Artificial: sin duda, la inteligencia artificial ha sido uno de los grandes protagonistas de 2025, y se espera lo siga siendo todavía por algún tiempo. Ha contribuido al crecimiento de los mercados financieros como principal motor transversal de crecimiento, gracias a la ingente cantidad de inversión en tecnología que ha conllevado, junto con la necesidad de infraestructura energética y digital, pero al mismo tiempo genera interrogantes sobre posibles burbujas si la monetización no avanza al ritmo del gasto. De ahí la preocupación por las elevadísimas valoraciones que estamos viendo, especialmente en EE. UU. donde los múltiplos superan 22 veces (en términos de precio por unidad de beneficio).
- Concentración del beneficio en unos pocos valores: la concentración de peso, y por tanto de riesgo de unos pocos valores en los principales índices bursátiles, sigue batiendo récords. Por ejemplo, en el selectivo estadounidense S&P 500, los diez primeros valores (recordamos, de un total de 500) suponen más del 40% de la capitalización del índice, y las famosas “siete magníficas” (Apple, Microsoft, Alphabet, Amazon, Nvidia, Meta Platforms y Tesla), representan la mayor parte del crecimiento de beneficios. La posibilidad de que alguna de estas “mega compañías” decepcione al mercado en sus presentaciones de resultados, podría conllevar caídas significativas en los mercados de renta variable.
- Riesgo Geopolítico: a los conflictos en Ucrania y Oriente Medio se suma a comienzos de este 2026, la irrupción de Estados Unidos en el gobierno de Venezuela, con la detención el 3 de enero de su presidente Nicolás Maduro. Aunque los mercados financieros han reaccionado de manera aparentemente tranquila a este hecho, está por ver entre otras cosas la reacción en los precios del transporte marítimo, materias primas en general y precios energéticos en particular, en caso de escalada en alguno de los conflictos abiertos. Dadas las circunstancias actuales, en un contexto en el que Estados Unidos parece haber cambiado de posición en cuanto a geopolítica, con un comportamiento claramente agresivo, no descartamos la aparición de nuevos conflictos en el corto plazo. En los últimos días el presidente Trump ha continuado amenazando el status quo de varios países, con advertencias de intervención directa sobre territorio de otros países latinoamericanos como Colombia o Mexico, e incluso hablando abiertamente sobre la intención de invadir Groenlandia, nación constituyente del Reino de Dinamarca, que recordamos fue junto con Estados Unidos, uno de los doce países fundadores de la OTAN en 1949.
- Independencia de la FED bajo presión: Donald Trump no se ha escondido a lo largo de 2025 a la hora de presionar a la Reserva Federal para que baje tipos de interés. Tanto en redes sociales como en comparecencias públicas, el mandatario americano ha dedicado todo tipo de descalificaciones al presidente de la FED Jerome Powell, tratando de influir explícitamente en una política monetaria más laxa. Adicionalmente ha intentado destituirlo, así como sustituir a varios gobernadores por otros afines a él. Este tipo de movimientos puede perjudicar la credibilidad de la institución, generando inestabilidad financiera, poniendo en riesgo la inflación aún no controlada del todo en el país (en caso de bajadas de tipos a destiempo) y poniendo en cuestión al dólar como moneda de reserva internacional.
- Endeudamiento y Déficit Fiscal en Estados Unidos: Estados Unidos presenta un nivel de déficit fiscal histórico, con una deuda que a nivel absoluto alcanza ya 38,5 trillones (americanos) de dólares (antes de la pandemia era “solo” de 23 trillones) y que se espera pueda llegar a representar a nivel relativo cerca del 120% sobre el PIB a cierre de 2025. Este factor puede tensionar la independencia de la Fed y afectar también a los mercados de renta fija, aumentando las primas de riesgo de los bonos, generando volatilidad en la curva de tipos y repercutiendo negativamente sobre el dólar en el medio/largo plazo (a corto plazo la subida de rentabilidades puede afectar positivamente al dólar, pero a largo plazo, la pérdida de confianza como activo libre de riesgo puede perjudicarle).
- Elecciones de medio mandato en Estados Unidos: en el mes de noviembre se celebrarán las elecciones de medio mandato, hecho que históricamente ha provocado bastante volatilidad en los mercados financieros en los meses previos a los comicios. Normalmente aumenta la incertidumbre política y legislativa, lo que provoca que a nivel corporativo se frenen las inversiones y las decisiones estratégicas, ralentizando la economía, pero además, este año esto va a suceder dentro de un contexto de tensiones geopolíticas y comerciales importantes, que puede hacer que los movimientos bruscos de mercado se vean intensificados ante decisiones políticas contundentes e inesperadas.

