Geopolítica y mercados: lecciones de Waterloo a la actualidad
10 de febrero de 2026
Por Daniel Mayor
En el mundo siempre ocurren cosas, y los mercados, siempre atentos, reaccionan como un sismógrafo hiperactivo. En los últimos años la geopolítica ha vuelto a ser un factor determinante, influyendo directamente en los mercados financieros.
Uno de los episodios más célebres —y también más mitificados— de la historia financiera es el de Waterloo y los Rothschild. El 18 de junio de 1815, Napoleón Bonaparte fue derrotado en Waterloo. En aquella época, las comunicaciones eran lentas y las noticias tardaban días o semanas en difundirse. Según la leyenda, Nathan Mayer Rothschild, fundador de la rama londinense de la familia, recibió antes que nadie la noticia de la victoria de la coalición anglo-prusiana gracias a una red privada de mensajeros y palomas. Con esa ventaja informativa, habría acudido a la Bolsa de Londres y comenzado a vender bonos del gobierno, provocando el pánico entre los inversores, que interpretaron su conducta como señal de derrota. Cuando los precios se desplomaron, Rothschild compró grandes volúmenes de deuda a precios de saldo; al conocerse la verdadera victoria de la coalición, los bonos se dispararon y él habría obtenido una ganancia colosal.
Más allá del mito, el episodio de Waterloo ilustra cómo los mercados reaccionan ante los acontecimientos geopolíticos como un organismo sensible, capaz de amplificar rumores y castigar la desinformación.
En los últimos años hemos sido testigos de diversos acontecimientos disruptivos: la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022, que demostró cómo un conflicto regional puede generar efectos globales en cuestión de horas y durante años, o la guerra arancelaria iniciada por la Administración Trump en 2025, que alteró el comercio internacional y reconfiguró cadenas de suministro. Estos episodios confirman que los mercados financieros son extremadamente reactivos a la geopolítica, recordándonos que estamos asistiendo a un cambio en la conducta de las grandes potencias que deja al descubierto privilegios, asimetría y tensiones.
Frente a esa volatilidad, reaparece un viejo debate en el mundo de la inversión: ¿qué pesa más, acertar el momento de entrada o mantenerse invertido? La evidencia histórica y la experiencia demuestran que la permanencia en el mercado (estar invertido) suele ser mucho más relevante que intentar anticipar los movimientos, ya que los mercados tienden a recuperarse incluso de los shocks más severos. De hecho, los mercados pasan la mayor parte del tiempo al alza, siempre que el número de consumidores y su poder adquisitivo se mantengan en crecimiento.
Como en Waterloo, donde el orden de Europa pendió de un hilo, cada convulsión geopolítica nos recuerda la fragilidad de la estabilidad. Los mercados, atentos a cada movimiento del destino, siguen respondiendo a los mismos impulsos que han guiado a la humanidad desde sus orígenes: miedo, esperanza y la eterna búsqueda de equilibrio entre ambos.

