Contacta con nosotros

Google maps

Image Alt

Africa no pide capital. Pide que se lo tomen en serio

Africa no pide capital. Pide que se lo tomen en serio

Por Ana Guzmán Quintana

 

 

Durante su reciente visita a España, el Papa León XIV lanzaba flores al mar en el muelle de Arguineguín para recordar a quienes no llegaron a Canarias, y pedía a Europa que dejara de «acostumbrarse a que el Atlántico sea un cementerio sin lápidas». Estas palabras y este gesto nos resonaron especialmente, ya que acabábamos de pasar dos días en Barcelona escuchando a quienes trabajan en la dirección contraria: no en gestionar la salida de África, sino en construir las condiciones para que quedarse tenga sentido económico.

 

La jornada Capital with Purpose, organizada por IESE junto a Oryx Impact, gestora de impacto especializada en capital privado africano, reunió a un gran número de inversores, emprendedores y personas de todo el mundo comprometidos con el impacto y con la intención de buscar cómo conseguir dirigir capital privado al continente africano. Fue una conversación técnica, profunda, y, en varios momentos, incómoda de la mejor manera posible.

 

África representa menos del 1% del capital institucional global, a pesar de concentrar el 60% de la tierra arable sin cultivar del planeta, reservas críticas para la transición energética y una demografía que en 2050 tendrá una fuerza laboral superior a la de China e India combinadas. En 2025, fue la única región del mundo en registrar crecimiento en volumen de operaciones de capital privado: 530 transacciones, un 8% más que el año anterior, mientras el resto del mundo retrocedía.

 

Y sin embargo, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) cayó un 51% en 2025, y la inversión directa extranjera un 39%. Las Instituciones Financieras para el Desarrollo siguen representando casi dos tercios de todos los compromisos de levantamiento de capital privado africano. Un ecosistema que debería estar diversificando sus fuentes de capital, sigue dependiendo estructuralmente de los mismos actores de siempre.

 

El CEO de la BRVM (la Bolsa Regional de Valores Mobiliarios de África Occidental) lo formuló con una precisión que no deja escapatoria: África no sufre un déficit de capital. Tiene más de 4 billones de dólares en activos locales bajo gestión. Lo que le falta son plataformas de inversión creíbles, líquidas, transparentes e interconectadas. Esa distinción importa, ya que el déficit de capital se resuelve con más dinero externo, pero un déficit de infraestructura financiera solo se resuelve construyendo desde dentro.

 

Oryx Impact presentó durante la jornada el análisis de su proceso de selección sobre más de 1.300 vehículos de inversión africanos rastreados durante cinco años. De estos fondos, solo el 3,2% ha llegado a fase de análisis profundo. Hasta ahí, nada sorprendente, más o menos lo mismo que nos pasa a nosotros. Lo que sí interpela es el patrón de los rechazos: en fases avanzadas, los dos filtros determinantes son la experiencia y la coherencia entre tesis de impacto y ejecución financiera. No el tamaño del fondo ni la procedencia del gestor.

Y aquí está la tensión que nadie resolvió del todo: el 62% de los gestores de fondos de impacto en África son gestores emergentes, muchos de primera generación. Los mejores retornos documentados corresponden a vehículos que habían desplegado apenas un millón de dólares. El capital paciente que permitiría comprobar si ese rendimiento es replicable a mayor escala rara vez llega. El ecosistema está produciendo gestores extraordinarios que no pueden crecer porque los inversores institucionales internacionales exigen el tipo de experiencia que solo se construye con el capital que precisamente no llega. Es un círculo que el sector de impacto debería tener más urgencia en romper.

 

Los fondos de pensiones africanos tienen más de 2 billones de dólares en activos, pero más del 50% está invertido en deuda pública a corto plazo, no por falta de voluntad sino por ausencia de instrumentos con el rating adecuado y mecanismos de mejora crediticia.

 

El caso de InfraCredit en Nigeria ilustra lo que ocurre cuando se construye el puente correcto. Una facilidad de garantías en moneda local para bonos corporativos de infraestructura permitió que esos instrumentos alcanzaran ratings de investment grade compatibles con los requisitos regulatorios de los fondos de pensiones locales. Resultado: la asignación a infraestructura pasó de 6 millones a cerca de 200 millones de dólares en menos de una década. Sin nueva entrada de capital extranjero. Con el capital que ya existía, desbloqueado mediante el instrumento adecuado. Es una lección sobre intermediación que el sector debería estudiar con más atención de la que le dedica habitualmente.

 

Mientras la inversión caía en 2025 de manera drástica, como hemos mencionado, las remesas de la diáspora africana crecieron un 15%, hasta 120.000 millones de dólares. Es el único flujo de capital externo que creció. Y es capital sin condicionalidades, que conoce el contexto mejor que cualquier analista externo. En paralelo, los datos de Dealroom muestran que la capitalización africana en fondos lleva una curva ascendente sostenida desde 2022 que contrasta con la caída del capital norteamericano en el mismo período. La localización del capital ya está ocurriendo. La pregunta es si los inversores internacionales van a acompañar ese proceso o a llegar tarde.

 

El capital con propósito no es el que llega con buenas intenciones. Es el que llega con humildad estructural. Eso tiene consecuencias prácticas: en el análisis que hacemos de los mercados africanos no pueden aplicarse los mismos criterios de experiencia que se usan para evaluar un fondo europeo de tercera generación, porque ese estándar excluye sistemáticamente a los mejores gestores emergentes antes de darles oportunidad de demostrarse. El apoyo a la construcción de infraestructura de mercado local debería formar parte del mandato de impacto, no ser una condición previa para invertir.

 

La Bolsa Regional de Valores Mobiliarios acumuló un retorno del 99% entre 2021 y 2025 y ofrece paridad fija CFA/euro que elimina el riesgo divisa para el inversor europeo, y lleva casi treinta años operando. Sin embargo sigue siendo invisible para la mayoría de los gestores institucionales del continente. La brecha no es de rendimiento… es de que nadie les presta atención.

 

África tiene el capital, el talento, la demografía y, según todos los datos presentados en Barcelona, el momentum. Lo que necesita es que los inversores internacionales dejen de diseñar soluciones de arriba abajo y empiecen a construir capacidad desde dentro: co-invirtiendo con gestores locales, apoyando la profesionalización de vehículos emergentes y aceptando que el liderazgo en la próxima fase del desarrollo africano no va a llegar de Ginebra ni de Ámsterdam.

 

Hay gestores en Nairobi, Lagos y Abidján construyendo tesis de inversión más sofisticadas y más ancladas en la realidad de sus mercados, que muchos de los vehículos que circulan por los circuitos europeos de impacto. La pregunta que deberíamos hacernos no es si África está preparada. Es si nosotros lo estamos.