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Las bolsas resisten el repunte de la energía y de los tipos gracias a la fortaleza de los resultados empresariales

Las bolsas resisten el repunte de la energía y de los tipos gracias a la fortaleza de los resultados empresariales

Por Mario Catalá

 

La reactivación del conflicto en el Golfo Pérsico ha provocado un importante incremento del precio del petróleo y del resto de las materias primas, trasladándose también a los tipos de interés y a los niveles de inflación. Pese a este escenario, las bolsas mundiales se mantienen cerca de sus máximos históricos, apoyadas en unos resultados empresariales que han vuelto a sorprender positivamente y en una economía estadounidense que continúa demostrando una notable capacidad de resistencia.

 

El comportamiento de los mercados refleja, de este modo, una clara contraposición entre el deterioro de algunas variables de costes y la fortaleza de los beneficios empresariales. Desde el inicio de la guerra se han producido subidas relevantes en numerosas materias primas, como por ejemplo el petróleo, que ha derivado en subidas importantes en los precios de los combustibles. Sirva como muestra el precio del diésel en Estados Unidos, que está marcando máximos históricos en 6 USD/Galón, cuando hace un año estaba en 3,75 USD/Galón. Sin embargo, los márgenes netos de las compañías del S&P 500 han vuelto a mejorar y las estimaciones de beneficios por acción para el tercer trimestre de 2026 han sido revisadas al alza un 1,2% durante julio y agosto, cuando habitualmente los analistas reducen sus previsiones durante los dos primeros meses de un trimestre.

 

Si las estimaciones de beneficios futuros mantienen el ritmo actual de crecimiento, el S&P 500 podría necesitar únicamente un múltiplo PER futuro de 19 veces (rango bajo en términos históricos) para alcanzar los 8.000 puntos al cierre del año, que aún supondría una revalorización del 5% sobre los precios actuales. No obstante, el entorno continúa presentando riesgos importantes, especialmente por la evolución de la deuda pública estadounidense, el incremento de los gastos financieros y la posibilidad de que los tipos de interés permanezcan elevados durante más tiempo.

 

 

Estados Unidos

 

La economía estadounidense mantiene un tono positivo, con unos indicadores de actividad que siguen sorprendiendo por su solidez. Los PMIs de agosto permanecieron claramente en terreno de expansión, con el PMI manufacturero repitiendo en 53,9, frente a la corrección hasta 53,2 que esperaba el mercado, mientras que el PMI de servicios subía hasta 56,5 desde el 54,6 anterior, aunque se situó ligeramente por debajo de las previsiones. En ambos casos destacó el fuerte avance de los componentes relacionados con la demanda.

 

El PIB correspondiente al segundo trimestre de 2026 se mantuvo en el 1,5%, a falta de su última revisión. Por su parte, la Reserva Federal de Atlanta estima que el crecimiento podría alcanzar el 4,7% en el tercer trimestre. Esta previsión se ha movido en un rango comprendido entre el 4% y el 6,2%, por lo que todavía pueden producirse variaciones importantes antes de que finalice el trimestre.

 

Frente a estos datos positivos, el consumo ha ofrecido algunas señales de debilidad. Las ventas minoristas cayeron un 0,6% en julio, su primer retroceso en más de un año, frente al crecimiento del 0,2% esperado. La confianza del consumidor también ha acusado la reactivación del conflicto armado en el Golfo Pérsico. El indicador de The Conference Board descendió en agosto hasta 89,4 desde 90,2, mientras que la encuesta de la Universidad de Michigan se situó en 51,7 frente al 55,2 del mes anterior.

En el mercado laboral continúa predominando la volatilidad de los datos. En agosto se crearon 162.000 nóminas no agrícolas, muy por encima de las 55.000 previstas, y la lectura anterior se revisó desde una destrucción de 23.000 puestos hasta una creación de 21.000. Sin embargo, la encuesta ADP reflejó únicamente 38.000 nuevos empleos, frente a los 47.000 esperados, mientras que las vacantes JOLTS se situaron en 7,27 millones. La tasa de desempleo permaneció en el 4,1% y la participación laboral aumentó desde el 61,4% hasta el 61,6%.

 

En cuanto a los precios, el IPC de agosto se situó en el 3,4%, una décima más que en julio, mientras que la inflación subyacente descendió una décima hasta el 2,4%, tal como se esperaba. La Reserva Federal de Cleveland estima que el IPC cerrará septiembre en el 3,43% y octubre en el 3,38%, con la inflación subyacente cerca del 2,35% en ambos meses. Sus previsiones sitúan el PCE en el 3,91% en septiembre y en el 3,80% en octubre.

 

Las expectativas sobre los tipos de interés estadounidenses han mostrado una volatilidad muy elevada. El mercado ha pasado de anticipar que la Reserva Federal mantendría los tipos sin cambios a contemplar tres subidas de 25 puntos básicos durante los próximos meses. La fortaleza de los datos de empleo ha añadido presión sobre la FED, convirtiendo la evolución de la inflación en un elemento clave para sus decisiones. Además, si la autoridad monetaria inicia un movimiento de subida de tipos, es probable que vuelva a actuar en los meses siguientes.

 

A este escenario se une el deterioro de las cuentas públicas. En julio, el Gobierno estadounidense recaudó 334.000 millones de dólares y gastó 766.000 millones, generando un déficit mensual de 432.000 millones. Durante los últimos diez años, los ingresos fiscales han aumentado un 65%, hasta 5,3 billones de dólares, mientras que el gasto ha crecido un 96%, hasta 7,3 billones. La deuda nacional se ha más que duplicado, desde 19 hasta 39 billones de dólares, y el coste por intereses ha alcanzado 1,37 billones durante los últimos doce meses, siendo ya la tercera partida en importancia dentro de todo el gasto nacional.

 

 

Europa

 

La economía europea sigue acusando el impacto del encarecimiento de la energía, que ha situado la inflación por encima del 3%. No obstante, comienza a observarse una rotación favorable dentro del sector manufacturero, donde el mayor crecimiento se está trasladando desde los países periféricos hacia Alemania y Francia. Este movimiento podría contribuir positivamente a la evolución de los próximos indicadores macroeconómicos europeos.

 

Los PMIs de agosto mantuvieron un tono constructivo. El índice manufacturero avanzó hasta 52,7 desde el 51,9 de julio, en línea con las previsiones, mientras que el PMI de servicios se situó en 51,6, solo una décima por debajo del mes anterior. Por el contrario, la segunda revisión del PIB del segundo trimestre redujo el crecimiento hasta el 0,5%, frente al 1% publicado inicialmente. Las previsiones para el conjunto de 2026 sitúan el avance de la economía entre el 0,6% y el 1%.

 

Las ventas minoristas cayeron un 0,6% en julio, cuando se esperaba un crecimiento del 0,3%, aunque los datos iniciales han experimentado revisiones al alza significativas durante los últimos meses. En sentido contrario, la confianza del inversor del Instituto ZEW mejoró por cuarto mes consecutivo y alcanzó en agosto los 31,4 puntos, superando tanto los 25,9 previstos como los 23,4 anteriores. El mercado laboral se ha deteriorado ligeramente. La tasa de desempleo fue revisada hasta el 6,4% en junio y permaneció en ese nivel durante julio. Europa cuenta con 11,2 millones de desempleados, aproximadamente 150.000 más que al cierre de 2025, aunque se estima que la población europea aumentará en un millón de personas durante 2026.

 

La inflación provisional de agosto en la zona euro repuntó con fuerza hasta el 3,3%, frente al 2,9% de julio, debido al aumento de los costes energéticos. La inflación subyacente, menos afectada por el petróleo, el gas, la electricidad y los alimentos, descendió una décima hasta el 2,4%. En este contexto, el Banco Central Europeo subió el pasado jueves el tipo de referencia en 25 puntos básicos hasta el 2,50%, a pesar de numerosas opiniones consideraban que no debería realizar cambios, habida cuenta de la debilidad económica que se percibe en el continente. Sin embargo, la presidenta Lagarde argumentó que la inflación estaba tardando demasiado en volver al objetivo marcado del 2%, y los riesgos inflacionistas derivados de la energía y la geopolítica justificarían mantener una política monetaria más restrictiva. Además, dejó claro que no se trata de una subida preventiva, y que tanto la economía europea como el sistema financiero están preparados para soportar tipos más altos.

 

 

China

 

La posición geopolítica de China ha pasado a un segundo plano desde el inicio de la guerra en Irán. Su economía continúa mostrando un comportamiento inercial, sin señales claras de aceleración, pero tampoco de deterioro significativo. Los PMIs permanecen dentro del rango observado durante el último año, situado aproximadamente entre 49 y 51 puntos. Por su parte, el PIB anualizado del segundo trimestre se situó en el 4,3%, frente al 4,5% estimado y el 5% registrado durante el primer trimestre.

 

El sector exterior continúa siendo uno de los principales elementos de fortaleza de la economía china. Las exportaciones crecieron un 25% interanual, frente al 23,9% de julio, mientras que las importaciones avanzaron un 28,8%, desde el 27,5% del mes anterior. Sin embargo, el índice de producción industrial de julio se quedó en el 4,5%, por debajo del 5% esperado y del 5,3% de junio. Mientras los precios del crudo permanezcan elevados, resultará complicado que el crecimiento de la industria china acelere.