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Los mercados mantienen el optimismo a las puertas de las elecciones estadounidenses

Los mercados mantienen el optimismo a las puertas de las elecciones estadounidenses

14/10/2026

Por Mario Catalá

La economía global continúa mostrando una capacidad de resistencia considerable ante un entorno especialmente complejo, marcado por el encarecimiento de la energía, unos tipos de interés en máximos de varias décadas, dos guerras activas y unas inminentes elecciones estadounidenses como factor adicional de incertidumbre. Los principales indicadores de actividad mantienen, en términos generales, un tono favorable, especialmente en Estados Unidos, mientras que Europa muestra cierta recuperación (liderada ahora por Alemania) y China continúa avanzando dentro del estrecho rango observado durante los últimos trimestres. Sin embargo, la persistencia de la inflación y el aumento de las rentabilidades de la deuda están endureciendo las condiciones financieras y elevando el nivel de exigencia para los mercados de renta variable.

 

Estados Unidos

La economía estadounidense no muestra por el momento síntomas claros de agotamiento. Los indicadores adelantados de septiembre volvieron a ofrecer lecturas muy sólidas: el PMI manufacturero subió hasta 55,9 desde el 53,9 anterior, aunque quedó por debajo del 57 previsto, mientras que el PMI de servicios mejoró una décima hasta 58,8, ligeramente por encima de las expectativas. Ambos índices se mantienen claramente en terreno de expansión y apuntan a una continuidad del crecimiento durante los próximos meses. El PIB definitivo del segundo trimestre de 2026 fue revisado al alza hasta el 2,2%, frente al 1,5% publicado inicialmente y al 2,1% del primer trimestre. Para el tercer trimestre, la estimación de la Reserva Federal de Atlanta alcanza el 3,7%, una cifra que, de confirmarse, podría provocar revisiones al alza sobre la previsión de crecimiento del 2,2% para el conjunto de 2026. Las ventas minoristas también sorprendieron favorablemente en agosto, con un avance del 1,2% frente al 0,8% previsto y al retroceso del 0,5% registrado en julio. Esta fortaleza de los datos de actividad contrasta con un deterioro significativo de la confianza del consumidor. El indicador de The Conference Board cayó en septiembre hasta 81,9 desde 88,6, mientras que la referencia elaborada por la Universidad de Michigan retrocedió hasta 47,8 desde los 51,7 puntos de agosto. Se mantiene, por tanto, la divergencia entre unos datos objetivos de crecimiento todavía sólidos y una percepción de los consumidores mucho más negativa.

El mercado laboral también ofreció señales más débiles. En septiembre se crearon únicamente 29.000 nóminas no agrícolas, frente a las 89.000 previstas, y además se revisaron a la baja las cifras de agosto. No obstante, la media trimestral de 51.000 empleos continúa siendo compatible con un escenario de crecimiento económico sostenible. La encuesta ADP superó las previsiones, con 90.000 empleos frente a los 73.000 esperados, pero las vacantes JOLTS descendieron hasta 7,08 millones desde 7,27 millones. La tasa de desempleo subió hasta el 4,2%, coincidiendo con un aumento de dos décimas de la tasa de participación laboral, hasta el 61,8%.

En materia de precios, el IPC de agosto aumentó una décima hasta el 3,4%, mientras que la inflación subyacente mejoró una décima y se situó en el 2,4%. El PCE descendió desde el 3,7% de julio hasta el 3,4%, y su componente subyacente corrigió hasta el 3%. Para los meses siguientes, la Reserva Federal de Cleveland estima una inflación del 3,60% en septiembre y del 3,58% en octubre, con el dato subyacente por debajo del 2,40% en ambos meses. Sus previsiones para el PCE se sitúan en el 3,56% y el 3,66%, respectivamente. Ante este escenario, la Reserva Federal volvió a elevar el tipo de interés en 25 puntos básicos, situándolo en el rango del 3,75%-4%. La volatilidad del mercado de deuda ha llevado a los bonos del Tesoro estadounidense a niveles no vistos en las dos últimas décadas, mientras que el mercado llegó a descontar hasta cinco subidas adicionales de 25 puntos básicos durante los próximos doce meses. Actualmente, las expectativas sitúan el tipo de referencia entre el 4,50% y el 4,75% a partir de junio de 2027. La evolución dependerá, entre otros factores, de la duración de la guerra en Irán y del nivel de deuda pública.

 

Europa

El entorno de elevados precios de la energía y subida de los tipos de interés debería estar afectando de forma significativa a las decisiones europeas de consumo e inversión. Sin embargo, los últimos indicadores han aportado cierto optimismo, con Alemania liderando la mejoría económica. El PMI manufacturero volvió a avanzar en septiembre hasta 52,9, mientras que el PMI de servicios afianzó su recuperación al subir desde 51,6 hasta 53. El PIB del segundo trimestre de 2026 creció un 0,5%, frente al 0,3% registrado durante el primer trimestre. Las previsiones actuales sitúan el crecimiento europeo para el conjunto del año entre el 0,8% y el 0,9%. Por el contrario, las ventas minoristas continúan prácticamente estancadas y registraron en agosto un avance de apenas el 0,1%. La confianza del inversor elaborada por el Instituto ZEW sufrió una corrección inesperada y descendió en septiembre hasta 25,8, frente al 31,4 anterior y al 39,2 esperado. El mercado laboral experimentó un leve deterioro. La tasa de desempleo se mantuvo en agosto en el 6,4%, pero el número de desempleados de la zona euro aumentó hasta 11,36 millones

La inflación continúa siendo uno de los principales elementos de preocupación. El IPC de la zona euro subió con fuerza en septiembre hasta el 3,8%, medio punto porcentual por encima de agosto, mientras que la inflación subyacente aumentó una décima hasta el 2,5%. Existen, además, importantes diferencias entre países: España registró una inflación del 5%, Italia del 4,1%, Francia del 3,4% y Alemania del 3,3% (un total de 16 de los 21 países han comunicado una inflación superior al 3,8%).

En este contexto, el Banco Central Europeo elevó en 25 puntos básicos el tipo de la facilidad de depósito, hasta el 2,50%. El mercado descuenta otra subida durante 2026, probablemente en diciembre, que llevaría el tipo de referencia al 2,75%. El tono más restrictivo de la última reunión provocó un fuerte repunte de las rentabilidades de la deuda y, en algunos momentos, se llegaron a descontar entre tres y cuatro subidas adicionales.

 

China

La economía china presenta ligeras mejoras en algunos indicadores de actividad, aunque sus principales magnitudes continúan moviéndose dentro del estrecho rango observado durante los últimos trimestres. El mercado sigue esperando un catalizador externo, basado en incentivos fiscales y un mayor gasto público, que permita relanzar el consumo interno y facilitar un ritmo de crecimiento superior. Los PMIs regresaron en septiembre a niveles de expansión. El manufacturero aumentó tres décimas hasta 50,1, mientras que el PMI de servicios mejoró en más de un punto y se situó en 50,2. Por el contrario, el PIB anualizado del segundo trimestre de 2026 se situó en el 4,3%, por debajo del 4,5% estimado y del 5% registrado en el primer trimestre.

El sector exterior continúa mostrando la solidez de los últimos meses. Las exportaciones crecieron un 25% interanual frente al 23,9% de julio, mientras que las importaciones avanzaron un 28,8%, desde el 27,5% anterior. La producción industrial de agosto también mejoró, pasando del 4,5% de julio al 5,2%, sin que el complejo panorama energético internacional haya afectado todavía de forma visible al sector industrial chino.

 

Mercados financieros: entre la fortaleza estructural y unas valoraciones exigentes

Los mercados de renta variable mantienen su tendencia estructural alcista, favorecidos por el peso creciente de las compañías de mayor tamaño y con mejores expectativas de crecimiento dentro de los índices. Sin embargo, este movimiento no es lineal y las correcciones pueden llegar a ser significativas. La caída media anual del S&P 500 supera el 15%, aunque la tendencia de largo plazo permanezca positiva. Por sectores, el mercado continúa dominado por tecnología y energía, mientras que los últimos resultados y las previsiones empresariales han provocado descensos del PER medio en todos los sectores. Una de las principales dudas se encuentra precisamente en las estimaciones de beneficios futuros. El ratio CAPE se está aproximando a algunos de los niveles más elevados de la historia. Si las expectativas optimistas sobre los beneficios se cumplen y la parte correspondiente a beneficios del PER aumenta considerablemente, podría argumentarse que las acciones no están tan caras. Sin embargo, si esas previsiones resultan sobrevaloradas, estaríamos ante un mercado con múltiplos históricamente elevados y sustentado en unas expectativas de beneficios excesivamente optimistas.

Entre las señales positivas destaca la próxima reapertura del periodo de recompras de acciones. La mayoría de las compañías permanecen todavía en periodo de blackout, pero la ventana comienza a abrirse a partir del 15 de octubre. La demanda corporativa debería aumentar durante la temporada de resultados y acelerarse en noviembre, que históricamente ha sido el mes de mayor actividad en la ejecución de recompras empresariales.

Por el lado negativo, el gasto de la administración estadounidense no ha dejado de aumentar durante las tres últimas décadas y las previsiones apuntan a que el déficit público se mantendrá por encima del 6% durante los próximos años. Al mismo tiempo, el coste de la deuda emitida por las principales economías ha aumentado de manera continuada desde 2022. Los déficits estructurales están encareciendo la financiación de los gobiernos y, aun cuando los tipos a corto plazo han corregido, las rentabilidades de las emisiones a largo plazo apenas han descendido.

En definitiva, la economía global continúa resistiendo mejor de lo que cabría esperar ante la combinación de tensiones geopolíticas, elevados precios energéticos y endurecimiento monetario. Estados Unidos mantiene el liderazgo en crecimiento, Europa ofrece algunas señales de recuperación y China permanece estable, aunque todavía pendiente de estímulos que reactiven su demanda interna. Frente a esta solidez macroeconómica, los mercados se enfrentan a unas rentabilidades de la deuda cada vez más elevadas, unos déficits públicos persistentes y unas valoraciones bursátiles que dependen en gran medida del cumplimiento de unas expectativas de beneficios especialmente exigentes.