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¿Existe realmente el Benchmark adecuado para el inversor católico?

¿Existe realmente el Benchmark adecuado para el inversor católico?

El 20 de octubre 2026

Por Jonathan Capelo Gavela, CFA

Las congregaciones religiosas, diócesis e institutos seculares se enfrentan a una pregunta cada vez más recurrente: ¿qué referencia debemos utilizar para saber si nuestras inversiones son coherentes con nuestra misión y carisma? Estamos acostumbrados a comparar la rentabilidad de nuestra cartera con un índice de referencia (benchmark) para evaluar sus resultados financieros. Sin embargo, el inversor católico también necesita comprender dónde está invertido su patrimonio y disponer de referencias que le ayuden a evaluar su coherencia con los valores de la institución.

¿Existen índices que nos ayuden a realizar esta comparación desde una perspectiva católica? En 2026, Bountiful Financial presentó en Roma The First Global Study of Catholic Indices, un estudio pionero en el que identificó 37 índices relacionados con la inversión católica: 28 de renta variable y 9 de renta fija. La primera conclusión es que existen más referencias de las que inicialmente podríamos pensar, pero también menos homogeneidad de la que parece. Los índices utilizan diferentes exclusiones y umbrales y se apoyan en distintas referencias, como las directrices de la Conferencia Episcopal estadounidense, las orientaciones de la Conferencia Episcopal austriaca, la política de inversión del IOR o combinaciones de directrices y Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Otro aspecto que llama la atención es que ninguna de las metodologías públicas examinadas cita expresamente Mensuram Bonam, aunque algunas incorporan principios coincidentes. Publicado en 2022 por la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, este documento ofrece orientaciones para integrar la DSI en las decisiones financieras. Por tanto, replicar un índice católico no garantiza, por sí solo, aplicar íntegramente Mensuram Bonam.

¿Cómo trasladamos todo esto a nuestras inversiones? Al profundizar en la investigación comprobamos algo importante: que exista un índice no significa que podamos invertir directamente en él. De los 37 índices estudiados por Bountiful, nuestra revisión ha identificado 6 índices replicados por 7 fondos o ETFs. En renta fija no hemos identificado productos públicos que repliquen directamente ninguno de los 9 índices estudiados, aunque sí existen fondos activos de renta fija católica. El universo de inversión católica es, sin embargo, mucho más amplio. Morningstar identificó 87 estrategias católicas con datos de abril de 2026. Nuestra revisión confirma que algunas utilizan índices financieros convencionales para medir sus resultados. Estados Unidos concentra buena parte de esta industria, aunque en España y Europa también existen fondos que aplican políticas inspiradas en la DSI sin replicar índices católicos.

Que existan cada vez más índices y productos católicos es una buena noticia, ya que amplía nuestras posibilidades de comparar e invertir, pero no garantiza la coherencia del conjunto de la cartera. Un índice es una referencia de comparación mientras que un fondo es un vehículo de inversión. Ninguno sustituye los criterios que deben orientar las decisiones de una institución. De hecho, un fondo puede aplicar principios católicos utilizando un benchmark convencional, y una congregación puede gestionar su patrimonio conforme a la DSI sin invertir exclusivamente en productos etiquetados como católicos.

Por tanto, elegir un índice o un producto adecuado es importante, pero lo verdaderamente relevante es elegir un marco que oriente las decisiones sobre el conjunto de las inversiones y un procedimiento interno para aplicarlo y supervisarlo. En cuanto a qué marco debe elegir un instituto religioso, la DSI proporciona los principios, mientras que documentos como las directrices de las conferencias episcopales o Mensuram Bonam ofrecen orientaciones de naturaleza y alcance diferentes, sin pretender sustituirse entre sí. A nuestro juicio, Mensuram Bonam constituye una referencia especialmente valiosa por su visión integral, aunque cada congregación debe traducir esos principios en una política propia, adaptada a su realidad. Dentro de esa política, los índices católicos pueden servir como referencias complementarias, especialmente en renta variable.

Pero elegir un marco no significa haberlo llevado a la práctica. Mensuram Bonam presenta el compromiso activo (engagement) como la primera de sus tres líneas de actuación, junto con la mejora y la exclusión. ¿Cómo puede ejercerlo una congregación que invierte principalmente mediante fondos y no posee acciones directamente? Aunque normalmente no pueda votar en las juntas de las empresas, sí puede dialogar con las gestoras, directamente o con el apoyo de sus asesores externos, solicitar explicaciones sobre compañías controvertidas, conocer sus políticas de voto y documentar las respuestas y los compromisos adquiridos. No es lo mismo que ejercer directamente el voto, pero sí permite influir y exigir seguimiento.

¿Cómo llevamos estos principios a la práctica? Sin duda, este es uno de los mayores desafíos. Aunque los criterios concretos dependerán del marco elegido por cada institución, existen buenas prácticas que consideramos útiles con independencia de que se adopte Mensuram Bonam u otras orientaciones:

  • Supervisar con criterios homogéneos el conjunto de las inversiones. Trabajar con varios bancos exige consolidar la información para disponer de una visión global y comparable del patrimonio. En los fondos y ETFs, el análisis de las inversiones subyacentes (look-through) permite identificar las empresas y los gobiernos a los que está expuesta la institución.
  • Avanzar de forma gradual y realista. Aplicar estos criterios a toda una cartera puede resultar complejo. Es preferible empezar con objetivos alcanzables y mejorar cada año que diseñar una metodología tan ambiciosa que nunca llegue a aplicarse.
  • Dar un tratamiento específico a la renta fija. Invertir en bonos directamente facilita identificar y supervisar al emisor. En el caso de los gobiernos, podemos utilizar referencias propias, como un universo comparativo de países del G20, ya que su evaluación requiere criterios distintos de los utilizados con las empresas.
  • Ir más allá de las exclusiones. No basta con identificar actividades incompatibles con nuestra política. También podemos evaluar la contribución positiva de las inversiones a las personas, el planeta y la prosperidad.
  • Ejercer el compromiso dentro de las posibilidades de cada institución. Directamente, a través de las gestoras o con el apoyo de asesores externos, las instituciones pueden solicitar explicaciones ante controversias, conocer las actuaciones realizadas y supervisar su evolución.
  • El objetivo no es obtener únicamente una calificación o nota, sino información comparable para decidir qué mantener, qué mejorar y cuándo intervenir o desinvertir.

Por último, el paso decisivo es integrar índices, productos y criterios en un procedimiento que pueda explicarse ante los órganos de gobierno: decidir, actuar y supervisar. Decidir una política y unas referencias acordes con la misión, actuar cuando una inversión plantee dudas, dejar constancia de las decisiones y supervisar periódicamente los avances y las cuestiones pendientes.

Compartir entre instituciones religiosas y asesores externos qué prácticas han funcionado y cuáles no podría ser, además, una forma concreta de avanzar juntos, en el espíritu de sinodalidad. Porque la gestión puede delegarse, pero la responsabilidad de comprobar que el patrimonio responde a la misión sigue siendo de cada institución.